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La Coctelera

Categoría: teoría del género

la transvaloración de los valores

13 jun 08


clitemnestra dijo

Estimada domovilu:

En realidad estamos asistiendo a una modificación del uso de la lengua por parte de ciertos filósofos que están volviendo al origen de su cultura. Así Nietzsche, Heidegger (y antes Hegel) cuestionan sus fundamentos griegos y religiosos, y Derrida, su relación con los textos del antiguo textamento. Este gesto va unido al recurso a un estilo próximo al de la tragedia, al de la poesía, de los diálogos platónicos, de la expresión de los mitos, parábolas o actos religiosos, es una vuelta hacia el momento en que la identidad masculina se constituye como patriarcal y como falocrática. Todos estos filósofos -salvo Heidegger- se interesan expresamente en la identidad femenina, a veces en su identidad como mujer o como femeneidad.

¿Será cuestión de paciencia? ¿Tenemos el deber de ser pacientes ante las decisiones que se toman en nuestro lugar? Se trata, en mi opinión, de preguntarnos sobre la manera de dar identidad al discurso científico, religioso, político y de situarnos dentro de él como sujetos de pleno derecho. Nuestra identidad tiene que ver con las relaciones genealógicas, con el orden social, lingüístico y cultural.

¿Buscan los hombres el medio de despojarse de sus propios poderes? Es deseable. Tal voluntad implicaría una invitación para que las mujeres compartieran la definición de la verdad y la ejercieran junto con ellos.

¿Será entonces que no hablo claro? Y ¿cómo hablan los hombres, con un neopositvismo, con un objetivismo ciencista que raya en la pura sofisticación de la realidad? Y ¿su discurso no es abigarrado y redundante? ¿Acaso tiene un discurso usted?

Mírese bien, porque yo soy demasiado sencilla, no soy madre como usted, pero sé lo que se sufre.

Demasiado claro es mi discurso. Yo he estudiado Derecho y le aseguro que no se puede decir con más claridad.

En cuanto a autoritarismo verbal, me parece que es como tirarse piedras en su propio tejado. Ya me he pronunciado muchas veces a favor del diálogo y de la verdad consensual, la unica verdad que existe para mí.
No soy yo quien crea que por cambiar las reglas gramaticales del español, vayamos a conseguir algo. Evidentemente la lucha no va por ahí. Con ello contesto a Eros también y antes he contestado a Domovilu.
Nuestra lucha citando a Simone de Beauvoir va por otro lado: “En verdad, las mujeres no han opuesto jamás valores hembras a los valores machos. Esa división ha sido inventada por hombres deseosos de mantener las prerrogativas masculinas, que sólo han querido crear en él a la mujer; pero, más allá de toda especificación sexual, el existente busca su justificación en el movimiento de su trascendencia, y la misma sumisión de la mujer provee una prueba. Lo que ellas reivindican hoy es ser reconocidas como existentes al mismo título que los hombres.”

A veces se me ha dicho que todos tenemos una parte femenina y otra masculina. Me gustaría también que el hombre pudiera descubrir su parte femenina sin complejos.
Las culturas griegas, egipcias, romanas nos proporcionan ejemplos citados por Bachofen y otros, especialmente, Heródoto, Hegel, Eliade, etc. por no hablar de la evolución de los mitos y de las tragedias, griegos en particular, que nos proporcionan huellas escritas de las tradiciones ginecocráticas y matriarcales.
Además de los textos numerosos vestigios puramente artísticos testimonian la existencia de culturas aborígenes diferentes a nuestra civilización actual, culturas que la nuestra ha heredado no sin censuras e inversión de unos valores que, a veces, resurgen a través de las normas patriarcales.
La inversión de esos valores es lo que constituye una pieza a partir de la cual todo se ha empezado a transvalorar. Mi discurso por tanto no es dogmático y ruego que lo piense.
Las mujeres gozan ahora de ciertos derechos que antes no tenían en cuanto a adquisición y disposición de bienes. Pero este progreso es insuficiente y frágil, sólo podrá estabilizarse si va acompañado del derecho a la vida, derecho siempre sexuado.
La vida vale mucho más que todos los objetos, propiedades o riquezas que podamos imaginar.
~
Afectuosamente

13 Junio 2008 | 11:51

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madres e hijas

22 mar 08


madres e hijas

Para establecer o prolongar las relaciones consigo misma y con el otro es indispensable disponer de un espacio. A menudo, las mujeres quedan reducidas a los espacios internos de su matriz o de su sexo, en la medida en que estos son útiles para la procreación y el deseo de los hombres. Es importante que dispongan de un espacio exterior propio que les permita moverse de dentro afuera de ellas mismas, de experimentar su condición de sujetos libres y autónomos. ¿Cómo conceder una oportunidad a la creación de este espacio entre madres e hijas? Veamos algunas propuestas:

a) Sustituir, siempre que sea posible, las magnitudes artificiales por las magnitudes humanas.
b) Evitar alejarse de los espacios naturales, cósmicos.
c) Jugar con los fenómenos que produce el espejo y los de simetría y asimetría (especialmente derecha-izquierda) para reducir la proyección y la anulación en el otro, y los fenómenos de indiferenciación con el otro, ya sea la madre, el padre, la futura pareja amorosa, etc.
d) Aprender a no moverse siempre en el mismo sentido, lo que no significa dispersión, sino un saber circular de dentro afuera y de fuera adentro de una misma.
e) Interponer entre la madre y la hija pequeños objetos realizados a mano para compensar las pérdidas de identidad espacial, las fracturas del territorio personal.
f) No contentarse con describir, reproducir o repetir lo ya existente; saber inventar o imaginar lo que aún no ha tenido lugar.
g) En los intercambios verbales, crear frases en las que el yo-mujer hable al tú-mujer, especialmente de ella misma o de una tercera mujer. Esta clase de lenguaje, prácticamente inexistente, contrae enormemente el espacio de la libertad subjetiva de las mujeres. Podemos empezar a crearlo sirviéndonos de la lengua habitual. Madres e hijas pueden practicarlo bajo la forma de juegos afectivos y didácticos. Esto significa concretamente que la madre-mujer se dirige a la hija-mujer, que utiliza las formas gramaticales del femenino, que habla de cosas que les conciernen, que habla de ella misma e invita a su hija a hacerlo, que evoca su genealogía, en especial la relación con su madre, que habla de ella misma, que habla a su hija de las mujeres que tienen una dimensión pública en la actualidad y de aquellas que la tuvieron en la Historia o en la mitología, que pide a su hija que le hable de sus amigas, etc. Cuando las hijas comienzan a frecuentar el colegio aprenden el discurso del él/ellos o del entre-él/ellos. En cuanto a las escuelas mixtas, aunque presentan ciertas ventajas, desde este punto de vista serán poco favorables al desarrollo de la identidad de las niñas mientras los códigos lingüísticos -gramatical, semántico y lexicológico- no evolucionen.
Sólo la madre está actualmente en condiciones de preocuparse de dar a su hija, a sus hijas, una identidad como tales. Las hijas que somos nosotras, más conscientes de aquellas cuestiones que conciernen a las necesidades de nuestra liberación, podemos también educar a nuestras madres y educarnos entre nosotras. Todo ello me parece indispensable para los cambios sociales y culturales que estamos necesitando.
Andrómeda

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