Cada uno se encarniza en destruir

todos los misterios, comenzando

por los suyos.

Verdugo de lo indecible.

La vida no es sino esta impaciencia.

Los que hablan no tienen secretos.

Y todos hablamos.

Nos traicionamos, exhibimos

nuestro corazón.

Y si encontramos a los otros,

es para envilecernos juntos

en una carrera hacia el vacío,

sea en el intercambio de ideas,

en las confesiones o las intrigas.

Por el momento el distinguo

entre el principio del placer

(delectatio, voluptas) y el pecado

lo dejo a una doctrina moderna

de la Penitencia, de la que daré cuenta

para hacer notar cómo se explota

el sentimiento culpable en la nueva

sociedad de la comunicación.

~

Clitemnestra