La materia que sufre se emancipa de la gravitación, no es ya solidaria del resto del universo, se aísla del conjunto adormecido.

El ser verdaderamente solitario no es el que ha sido abandonado por los hombres, sino el que sufre en medio de ellos.

Tú arrastras tu desierto en las ferias y despliegas tus talentos de cancerígeno sonriente, de comediante de lo irreparable.

Los grandes solitarios de antaño eran felices, no conocían la doblez, no tenían nada que ocultar: no se relacionaban más que con su propia soledad...

Pues el dolor, agente de separación, principio activo de individuación, niega las delicias de un destino estadístico.

Clitemnestra

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