
La materia que sufre se emancipa de la gravitación, no es ya solidaria del resto del universo, se aísla del conjunto adormecido.
El ser verdaderamente solitario no es el que ha sido abandonado por los hombres, sino el que sufre en medio de ellos.
Tú arrastras tu desierto en las ferias y despliegas tus talentos de cancerígeno sonriente, de comediante de lo irreparable.
Los grandes solitarios de antaño eran felices, no conocían la doblez, no tenían nada que ocultar: no se relacionaban más que con su propia soledad...
Pues el dolor, agente de separación, principio activo de individuación, niega las delicias de un destino estadístico.
Clitemnestra
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Sea, dijo Dios, y el dolor se hizo.
Con el dolor se abona la existencia humana, una cosecha de rojas amapolas que auguran el pan del mañana.
Por el dolor se hace el hombre malo o sabio. Por el dolor parimos solidaridades o engendramos odios.
Pues el dolor es la madre ciega de nuestro existir.
Besos.