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Sueño con querer y todo lo que quiero me parece sin valor.

Padezco sensaciones que no responden ya a las cosas porque nada las irrita ya; se supera así el sueño mismo del ángel de la melancolía y lamentas que Durero no haya languidecido por ojos aún más lejanos...

Cuando se está excluido de las prescripciones visibles se hace uno, como el diablo, metafísicamente ilegal; te has salido del orden del mundo.

Ya no esparces a tu alrededor una vaga irradiación fúnebre, y no dejas al pasar un rastro de melancolía venida de mundos lejanos, y eres ese hombre que pertenece a la sub-zoología y, más específicamente, a la historia humana.

La oposición entre la vulgaridad y la melancolía es tan irreductible... La estupefacción se regulariza en reflejo, mientras que el asombro plañidero, falto de objeto, permanece por siempre clavado en el Vacío.
Idolatras la desdicha y haces de ella el agente y la sustancia del devenir, y creyendo haberla agotado ya no deviene.

Podemos vivir como los otros viven y sin embargo esconder un no más grande que el mundo: es la infinitud de la melancolía...
Como un vándalo roído por la melancolía, me dirijo sin fin, yo sin yo, hacia ya no sé qué rincones... para descubrir un dios abandonado, un dios que fuese él mismo ateo, y dormirme a la sombra de sus últimas dudas y de sus últimos milagros.

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Clitemnestra