lo dijo Andrómeda a domovilu:
No es que haya que condenar en masa a los gentiles. Pero, a fin de cuentas, no tienen de qué estar tan orgullosos: forman tranquilamente parte del «género humano»... Esto es precisamente lo que, de Nabucodonosor a Hitler, no se ha querido conceder a los judíos; desdichadamente, estos últimos no tuvieron el valor de glorificarse de ello. Con una arrogancia de dioses, hubieran debido jactarse de sus diferencias, proclamar ante la faz del universo que no tenían semejantes ni querían tener, escupir sobre las razas y los imperios, y, en un ímpetu de autodestrucción, sostener las tesis de sus detractores, dar la razón a quienes les odian... Dejemos los pesares o el delirio.
Los habitantes del globo se dividen en dos categorías: los judíos y los no judíos. Si se sopesase los méritos de unos y de otros, sin disputa, serían los primeros los que prevaleciesen; tendrían bastantes títulos para hablar en nombre de la humanidad y considerarse sus representantes. No se decidirán a ello en tanto conserven cierto respeto, cierta debilidad por el resto de los humanos. ¡Vaya idea la de quererse hacer amar! Se atarean en ello sin lograrlo. Tras tantas tentativas infructuosas, ¿no les valdría más rendirse a la evidencia, admitir, finalmente, lo bien fundado de sus decepciones ?
Pero ¿para qué recensionar las taras de un dios cuando se extienden a todo lo largo del Antiguo Testamento, junto al cual el nuevo parece una pobre alegoría enternecedora? La poesía y la aspereza del primero en vano las buscaremos en el segundo, en que todo es amenidad sublime, relato dedicado a las «almas bellas». A los judíos les ha repugnado reconocerse en él: hubiera sido caer en la trampa de la felicidad, desproveerse de su singularidad, optar por un destino «honroso», todas ellas cosas extrañas a su vocación.
No concedían crédito más que a sus propios prejuicios: de ahí la acusación de «misantropía», crimen que les imputaban Cicerón, Séneca, Celso y, con ellos, toda la antigüedad. Ya en el 130 a. de J. C., durante el sitio de Jerusalén por Antíoco, los amigos de éste le aconsejaron «apoderarse de la ciudad por la fuerza, y aniquilar completamente la raza judía: pues, única entre todas las naciones, se rehusaba a tener ninguna relación social con los otros pueblos y los consideraba como enemigos» (Posidonio de Apamea).
A Cristo lo hubieran reconocido si no hubiese sido aceptado por las naciones y si no hubiera llegado a ser un bien común, un mesías de exportación. Bajo la dominación romana, fueron los únicos en no admitir en sus templos las estatuas de los emperadores; cuando les forzaron a ello, se sublevaron. Su esperanza mesiánica no fue tanto un sueño de conquistar las otras naciones como de destruir sus dioses por la gloria de Yahvé: teocracia siniestra erguida ante un politeísmo de marchamo escéptico.
Por grávido de consecuencias que haya sido, el rechazo del cristianismo sigue siendo la más estupenda hazaña de los judíos, un no que les honra. Si antes marchaban solos por necesidad ahora lo harán por resolución, como réprobos dotados de un gran cinismo, de la única precaución que han tomado contra su porvenir...
Andrómeda, especie de serpiente.
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lo dijo Andrómeda apostillando:
En la época en que vivían de la usura, ¿acaso no profundizaban en secreto la Cábala? Dinero y misterio: obsesiones que han conservado en sus ocupaciones modernas, complejidad inextricable, fuente de poder. ¿Encarnizarse contra ellos, combatirlos? Sólo el insensato se arriesga a ello: sólo él se atreve a afrontar las armas invisibles de las que están dotados.
lo dijo FIRMIN A DOMOVILU
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Tú… bueno, creo que lo sospechabas desde hacía tiempo, ¿verdad? Y no obstante respetaste mi silencio. Mereces pues un reconocimiento especial. Por lo demás, y si vas a ingresarme (un poco inmerecidamente, jí, jí) en tu lista de “judíos predilectos”, me honrarás mucho colocándome junto a Benito Mandelbrot. Es de los míos.
Ah!, casi me olvido de que tengo dos flancos. Puedes colocar a Mandelbrot a mi derecha, y a Leonard Bernstein a mi izquierda, ¿OK? Me harás muy dichosa así. Jí, jí.
Apropo, es cierto: amamos el estudio en profundidad. Lo llevamos en la sangre: hemos creado nuestro “Estudio” (eso es el Talmud) a nuestra imagen y semejanza, y luego él nos ha modelado en cuerpo y alma durante siglos…
lo dijo Daven
Hemos detectado un patrón de comportamiento en esta señora: Bosqueja su salida por puro egoísmo para recoger la solidaridad de sus bienintencionados amigos de internet y en un segundo momento, ensoberbecida y armada con el apoyo de tantos, vuelve por sus reales degenerando en posiciones totalitarias y extremistas.
Espero con terror el siguiente artículo de la autora: "Por qué siempre tengo RAZÓN"
Previsible, fiu
Lord Gordon Byron;cuando usted va, yo ya volví con todo el jamón
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Clitemnestra

falto aclarar que GENTILES significa GANADO.
Que es como llamaban los judios a LOS QUE NO LO ERAN.
GANADO.
Uno de los misterios mas grandes de la historia es que en un periodo relativamente breve, los gentiles que habitaban la geografía de la actual Europa se rindieran al Mesías de Israel y abandonaran sus ídolos y sus dioses formando lo que la historia ha dado en llamar: la cristiandad. .
Nada podía hacer pensar que un poderoso y orgulloso Imperio y hasta aquellos que fueron sus enemigos enconados como los celtas y los escitas, se convirtieran masivamente a una fe nacida en una región marginal y hasta pobre del mundo de entonces. Y una parte importante de la explicación de este insondable misterio que cambio radicalmente la historia de la humanidad consiste en reconocer que los "gentiles" que abrieron su corazón al Mesías de Israel no eran gentiles, sino israelitas, o "hijos de Israel", aunque parecían (y parezcan) gentiles y a si mismos se vieran como tales.
Y es que el Mesías de Israel, naturalmente, se preocupa en primer lugar por los israelitas, especialmente por los israelitas perdidos entre las naciones.
Moisés llevo al exilio y a la libertad a las tribus de Israel, si bien lo siguieron también eventualmente una "grande multitud de toda clase de gentes" (Exodo 12:38).
Por tanto gentiles, significa "gentes".
Otra cosa es que en el momento en que toman partido por el cristianismo la escisión lleve a repudiarlos o a despreciarlos.
Por eso, el sentido del "género humano" para todos, del que no se supieron vanagloriar aquellos que se consideraron elegidos por los dioses.
Los imperialistas para destrir a los pueblos y los judíos para destuir a los dioses del imperio romano. Pero en todo caso, la escisión estaba hecha. Menos que "hombres". Después esas msima palabras se volverían contra ellos.
Por eso digo que debieran haberse jactado de su vanagloria -de creerse iguales que hombres- destruyendo ellos también los símbolos no sólo sagrados sino fácticos del poder.
Ellos mismo en esta semilla ya llevaba el extremismo, fuente del fanatismo, pero n fueron capaces de esa destrucción o genocidio que después en el siglo del holocausto.
Resulta difícil hablar de estos temas e intento hacerlos dando a entender que todos pertenecemos a una sola humanidad. Y aunque haya un instinto de exclusión o de no integración en la generalidad, incluso hasta ello es propio de la humanidad de cualquiera de las razas y hombres.
Y añado algo más:
Gracias a el Antiguo Testamento comulgué con ellos, con lo mejor de sus aflicciones; también, gracias a él y a los consuelos que de él saqué, muchas de mis noches, por inclementes que fuesen, me parecieron tolerables.
Esto no pude olvidarlo ni siquiera cuando me parecieron merecer su oprobio. Y es el recuerdo de ésas noches en las que, por los agudos rasgos de ingenio de Job y de Salomón, estuvieron tan a menudo presentes, el que legitima las hipérboles de mi gratitud.
¡Que otro les haga la ofensa de tener respecto a ellos opiniones sensatas!