Hola Domovilu:

Habría cosas en que quizás nos podríamos poner de acuerdo tú y yo, y de las fundamentales, no de las supérfluas.

Yo preferiría hablar del diálogo universal entre las religiones en el mundo. Ahí está la labor de teólogos como Hans Küng y de algunos otros que incluso han sido excomulgados por la iglesia católica.

Otras veces has sido tú quien ha hablado de nosotros, de los españoles como si tuviéramos diferencias irreconciliables.

De la España caínita frente a la facilidad de hacer amigos, pero habría que pensarla como un proyecto de futuro, no como pasado.

Aunque como ya te dije el futuro pensado como una continuación de la marcha de las civilizaciones, como algo grande, eso me da mucho miedo. Estamos conquistando pues el tamaño adecuado, la medida de lo humano, por fin.

A mí no me gusta disgustarme, incluso tus fractales me parecen originales y bonitos, excepto algunos en que las dimensiones son extravagantes o desporporcionadas para mí. Pero la mayoría me parecen artísticos.

Una vez tuve un gatito al que le puse de nombre Maimónides, pero también reconozco que no me hubiera importado ponerle Averroes. Lo que se trata es de ver que lo árabe también ha servido para recoger la filosofía de Aristóteles y para reintegrarla a la peninsula y luego a Europa, porque de lo contrario con los bárbaros se hubiera perdido. Y en ese punto tenemos una deuda impagable también con lo árabe.

A ti también te debo algunos de mis pensamientos filosóficos, más o menos acordes contigo, porque me haces pensar. ¿Te acuerdas cuándo me hiciste la pregunta sobre la genealogía de la moral en Nietzsche? Entonces a partir de ahí me hiciste un gran favor para poder comprender con más claridad en lo que había sido el devenir general de la humanidad.

Ojalá esto fuera el comienzo de una gran amistad. Todos tenemos nuestros sentimientos personales y nuestras pequeñas consolaciones.

A veces se te ha acusado de soberbia o de intolerante. No lo sé. Tú misma he visto has adoptado otras veces una posición de entrar en razón o de retractarte de ciertas cosas. Lo cual inquietaba mucho más a tu adversario. Yo no lo sé. Creo que era sincero tu arrepentimiento de no querer llegar a una confrontación.

Pero es cierto que hemos rebasado ciertos límites de lo tolerante.

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Siempre ha habido un mito de decadencia en nuestro país, no viene de ahora sino desde Roma, del año ochenta y dos antes de Cristo, siempre nos ha seguido la historia de un país negro, el mito de una decadencia.

Y la península ibérica ha solido ser tierra asaz inhóspita para nuestros filósofos del pasado, en el caso de Maimónides fue empujado a hacerlo por causa de la intolerancia, gracias a la que aquél acabaría convirtiéndose con el tiempo en cortesano del sultán Saladino en la ciudad de El Cairo.


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Pero no es cosa, en fin, de denigrar a los españoles. Siendo admiradora de fray Bartolomé de Las Casas, los españoles no prodigaron a los indios un trato más infame que el que acostumbraban a prodigarse entre ellos mismos, lo que prueba al menos su sentido de la equidad.


Algo que queda reflejado en una obra apasionante cuya lectura os recomiendo -”La conquête de l'Amerique”, de Tzvetan Todorov-, en la que se describe, con perspicacia histórica y profundidad filosófica poco comunes, el drama del “descubrimiento del otro”, un descubrimiento capaz de transformar el cruento enfrentamiento en interacción comunicativa.


Y -esto lo digo en honor de Aura- también, en México, por ejemplo, en una inscripción en la Plaza de las Tres Culturas, en el corazón de la antigua Tenochtitlán, dice lo siguiente: “El 13 de agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtémoc, Tlatelolco cayó en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota. Fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy”.


Aunque al talante racionalista del hombre moderno lo que le caracteriza es haber dejado de vivir la razón y la fe como algo inseparablemente unidos. La razón podría seguir siendo definida de manera que resulte compatible con la fe pero semejante definición se tornará vacua si no incorpora un componente vivencial que sólo la experiencia histórica puede suministrarle, en cuyo caso lo más probable es que la definición se torne ociosa.


Pues el ocaso de la religión y su relevo por el racionalismo filosófico está muy lejos de haber sido un suceso de parva significación y la conmoción originada por su impacto en la conciencia humana se prolonga problemáticamente hasta nuestros mismísimos días.
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Pero me malicio que vamos a necesitar de aliviarnos de la bochornosa indigestión de pasadas glorias y debería exigir un serio examen de conciencia, como si los problemas que agitaron a cristianos, moros y judíos fuera un transunto del universo de hoy que multiverso y aglomerado se agita bajo una civilización de veras planetaria.


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Hola Aura:


At last but not least:


Creo que Guayaba me gusta y te hace especial.


Desde ahora serás mi fruta exótica, y como los Cinco Soles de México.


Ahora te voy a dedicar una cita de Carlos Fuentes:


No nos atemos nunca a un dogma, a una esencia, a una meta excluyente. Ayudemos al mundo a recrear una modernidad incluyente, capaz de abrazar razas, culturas, aspiraciones diversas.


Abracemos la emancipación de los signos, la escala humana de las cosas, la inclusión, el sueño del otro.”


Pues eso, amiga mía y de todas nosotras, me has inspirado tú.


Un beso muy grande, y cuídate mucho!



Andrómeda

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Clitemnestra