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La Coctelera

madres e hijas

22 mar 08


madres e hijas

Para establecer o prolongar las relaciones consigo misma y con el otro es indispensable disponer de un espacio. A menudo, las mujeres quedan reducidas a los espacios internos de su matriz o de su sexo, en la medida en que estos son útiles para la procreación y el deseo de los hombres. Es importante que dispongan de un espacio exterior propio que les permita moverse de dentro afuera de ellas mismas, de experimentar su condición de sujetos libres y autónomos. ¿Cómo conceder una oportunidad a la creación de este espacio entre madres e hijas? Veamos algunas propuestas:

a) Sustituir, siempre que sea posible, las magnitudes artificiales por las magnitudes humanas.
b) Evitar alejarse de los espacios naturales, cósmicos.
c) Jugar con los fenómenos que produce el espejo y los de simetría y asimetría (especialmente derecha-izquierda) para reducir la proyección y la anulación en el otro, y los fenómenos de indiferenciación con el otro, ya sea la madre, el padre, la futura pareja amorosa, etc.
d) Aprender a no moverse siempre en el mismo sentido, lo que no significa dispersión, sino un saber circular de dentro afuera y de fuera adentro de una misma.
e) Interponer entre la madre y la hija pequeños objetos realizados a mano para compensar las pérdidas de identidad espacial, las fracturas del territorio personal.
f) No contentarse con describir, reproducir o repetir lo ya existente; saber inventar o imaginar lo que aún no ha tenido lugar.
g) En los intercambios verbales, crear frases en las que el yo-mujer hable al tú-mujer, especialmente de ella misma o de una tercera mujer. Esta clase de lenguaje, prácticamente inexistente, contrae enormemente el espacio de la libertad subjetiva de las mujeres. Podemos empezar a crearlo sirviéndonos de la lengua habitual. Madres e hijas pueden practicarlo bajo la forma de juegos afectivos y didácticos. Esto significa concretamente que la madre-mujer se dirige a la hija-mujer, que utiliza las formas gramaticales del femenino, que habla de cosas que les conciernen, que habla de ella misma e invita a su hija a hacerlo, que evoca su genealogía, en especial la relación con su madre, que habla de ella misma, que habla a su hija de las mujeres que tienen una dimensión pública en la actualidad y de aquellas que la tuvieron en la Historia o en la mitología, que pide a su hija que le hable de sus amigas, etc. Cuando las hijas comienzan a frecuentar el colegio aprenden el discurso del él/ellos o del entre-él/ellos. En cuanto a las escuelas mixtas, aunque presentan ciertas ventajas, desde este punto de vista serán poco favorables al desarrollo de la identidad de las niñas mientras los códigos lingüísticos -gramatical, semántico y lexicológico- no evolucionen.
Sólo la madre está actualmente en condiciones de preocuparse de dar a su hija, a sus hijas, una identidad como tales. Las hijas que somos nosotras, más conscientes de aquellas cuestiones que conciernen a las necesidades de nuestra liberación, podemos también educar a nuestras madres y educarnos entre nosotras. Todo ello me parece indispensable para los cambios sociales y culturales que estamos necesitando.
Andrómeda

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6 comentarios

6 comentarios

  1. 22 mar 2008 | 09:57 PM # Príncipe de ArroyoLuche dice:

    Mi muy querida amiga, ya sólo con el apartado f) "No contentarse con describir, reproducir o repetir lo ya existente; saber inventar o imaginar lo que aún no ha tenido lugar." el cambio se realizaría, y no sólo en lo que concierne al tema que trata, fíjate si se aplicara a la política, por ejemplo.
    En el último párrafo mencionas la relación madre e hija, te comento que yo he sido testigo por mi madre y mi hermana, la mayor de 5 hermanos que somos. No sé quien de las dos es más machista -en su relación recíproca-, pese a ser las dos mujeres de fuerte carácter y muy independientes. Lo que te digo es que mi madre tiene la cabeza bien amueblada, y mi hermana debía estar en su sitio. Lo gracioso es que mi hermana, joven, riquísima en experiencias -muchos viajes, muchos amores-, también está convencida del papel que ha de jugar nuestra madre, el tradicional.
    Mi madre decía:
    -Le ha tocado nacer mujer, y es lo que hay.
    Mi hermana decía:
    -Mamá ha elegido esta vida.
    Yo contestaba:
    -No, esa vida es la que había, y si ahora no quiere... ¿qué?
    El problema entre madres e hijas es que las dos están cómodas con el papel tradicional de la otra, y no con el propio. Ahí hay tensión.
    Claro que te cuento un caso concreto, no generalizo.
    Un abrazo, creo que en Sevilla se ha vuelto a estropear la ilusión con lo de las procesiones, lo siento.

  2. 24 mar 2008 | 01:52 AM # clitemnestra dice:

    Nos ha tocado vivir un momento, al menos, las mujeres de mi generación, que ya vamos por los cuarenta, que nuestras madres cumplían la función tradicional del papel clásico de la mujer. En mi caso hemos tenido que ser nosotras las que hemos tenido que volvernos a la madre para poder rebelarnos y entender lo que nosotras sentíamos como mujeres.

    Ahora con las nuevas generaciones no sé cómo será, tal vez están más cerca los papeles, no se crea esa rivalidad que por una parte yo tuve que sostener con mi madre, y también que tú justificas en el caso de tu hermana mayor, por su carácter fuerte.

    A veces también se produce el papel de las genealogías cruzadas, el de padre e hija y el de madre e hijo, nos apoyamos en el modelo contrario. En mi caso reconozco que fue así, sobre todo en cierto momento de mi vida, influida por la posición social, los estudios, etc.

    Pero aún así hay un momento en que madres e hijas se deben encontrar y volverse la una a la otra para reconciliarse con algo fundamental de lo que somos, en nuestra identidad femenina. Es así.

    Yo fui a buscar a mi madre en un momento en que quizá ella no me prestaba mucha atención. Pero después me di cuenta que ella me lo agradeció y que quiso también buscarme después a mí y darme consejos que me fueron útiles.

    Un beso

  3. 24 mar 2008 | 07:43 PM # clitemnestra dice:

    A veces los condicionantes que vivimos ciertas mujeres es lo que nos olbiga a tomar ciertas medidas, al menos a educarnos en unos nuevos valores. Estoy de acuerdo contigo que las relaciones humanas deben expresarse libremente para poder crear algo verdadero. Normalmente las madres y las hijas comparten las cuestiones referidas a los niños, las comidas, el arreglo personal, y algunas de sus aventuras amorosas. Pero esos no son objetos que les definan a ellas, ni que sean intercambiables.

    Y es útil poderse comunicar a propósito de las realidades del mundo, poder intercambiar alguna cosa.

    Las mujeres deben hacer que se reconozca su diferencia. Deben afirmarse como sujetos portadores de valor, hijas de madre y de padre, respetuosas del otro en ellas y exigiendo de la sociedad idéntico respeto.

    Gracias por tu visita, un beso!

  4. 27 mar 2008 | 05:54 PM # zarza-de-arena dice:

    Te he encontrado !!!!!!!!......Qué bien !!
    Soy madre y quizá por mi rebeldía innata no soy una madre de manual. Desde el mismo momento en que mis hijas nacieron empecé a despedirme de ellas, pues siempre entendí que son seres independientes de mi, no una prolongación mía. Yo estoy ahí, pendiente de ellas, pero sin entorpecer su evolución. Su mejor escuela será su propia experiencia. Muchos besitos.

  5. 29 mar 2008 | 01:41 AM # clitemnestra dice:

    Gracias, Zarza, por tu comentario que valoro igualmente mucho por tu experiencia como madre. Un beso!

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