Tú no sabes que vives, vives, esclavo feliz de las formas que engendras, mimas e idolatras. La afectividad te domina y te llena.

No hay creación alguna sin los recursos del «sentimiento», que son limitados; sin embargo, parecen inagotables: esta ilusión produce la realidad de una historia.

En la desilusión, el resecamiento afectivo no permite más que dos modalidades de sentir y de comprender: la sensación y la idea. Ahora bien, es por la afectividad por lo que uno se entrega al mundo de los valores, y se proyecta vitalidad en las categorías y en las normas.

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Clitemnestra