Creo que el hombre tiene dos enemigos invisibles, uno es el dolor, -cuando éste introduce su hegemonía todo lo demás parece insignificante-, y el otro es el hastío, esto es el abundante crecimiento del tiempo, su infinita multiplicación frente a la escasez de lo inmediato. Pues busca en lo inmediato lo que únicamente puede encontrarse en lo trascendente.

De estos dos enemigos se diría que dejan de ser invisibles en cuanto el rasgo de la desesperación aparece en nuestros rostros. El hastío o la desesperación equivale a estar presos en el tiempo inexpresivo, emancipado de la

vida, que incluso la evacua para crear una siniestra autonomía. ¿Y qué más nos queda

entonces? El vacío del hombre y el vacío del tiempo.

No deja de ser un rasgo característico el que la literatura lo haya sabido retratar mejor en las mujeres, sobre todo, en lo que respecta a sus vidas amorosas. En el hombre siempre el rasgo de la desesperación ha mellado más en su porvenir y su destino profesional.

Pero sin embargo no creo que aparte de las diferencias de cultura puedan sentir de modo distinto un hombre o una mujer esa desesperación.

Bien retratada por ti, a veces incluso en tus textos creativos te gusta recrearte en esta dimensión de languidez del tiempo.

Y la “felicidad” a lo sumo nos llega cuando vencemos al tiempo.

La existencia sólo es soportable en el

equilibrio entre la vida y el tiempo. Las situaciones límite derivan de la exasperación de

este dualismo. Entonces el hombre, colocado frente a la posición tiránica del tiempo es

víctima de su imperio.

Bovary se da cuenta de ello cuando ya es tarde, concede demasiado tiempo a su imaginación.

Por tanto esta frase:..."La felicidad es una mentira imaginada por la desesperación del deseo"...

es así en cuanto el deseo es lo que provoca la misma mentira. Pero es esencial a ella misma una dosis pequeña de mentira pues si no no tendríamos capacidad de lirismo ni de amor.

Un saludo cordial!!